Nuestra vida está
sujeta a un continuo proceso de ajuste entre lo que uno siente y lo que sucede
ahí fuera. Las vacaciones navideñas son un caldo de cultivo idóneo para que se
produzcan grandes contrastes entre el paisaje de dentro –a la nostalgia,
tristeza o estrés se añade este año preocupación por el futuro– y el de fuera:
alegría, alegría, alegría, como dice el villancico.
¿Cómo lidiar con ello?
Quizá conozcas el relato del país donde todo el mundo andaba descalzo:
Un día, la reina se
cortó el pie al caminar sobre un terreno rocoso. Molesta, congregó a sus
ministros y ordenó que todas sus tierras se cubriesen con cuero. Un ministro
sabio se levantó y sugirió una idea más sencilla. “En vez de cubrir el reino
con cuero, más bien cubramos las plantas de los pies de todos los habitantes”.
A la reina le pareció buena idea, y de ahí el origen de los zapatos.