Por César-Javier Palacios de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente (@fundacionfrf)
Paseo hoy
por los huertos urbanos instalados por el Ayuntamiento de León en el margen
derecho del río Torío, los conocidos como Huertos
de la Candamia. Quedo
sorprendido, agradablemente sorprendido, por la recuperación de un paisaje
de huertas que en los últimos años había desaparecido en la mayoría de las
ciudades.
Recuerdo
perfectamente las de Burgos, ubicadas entre el río Vena y el cauce molinar
donde antaño estuvo la famosa fábrica de naipes de los hermanos Fournier, la primitiva central eléctrica de
El Porvenir, y donde en 1948 se produjo el comentado “crimen
de la Canal”. De la
noche a la mañana, esas huertas de la que entonces se conocía como avenida del
general Yagüe fueron sustituidas por compactos bloques de altas viviendas. Y
recuerdo perfectamente la impresión que sentí al ver a las excavadoras abrir
las zanjas para los cimientos. Destacaba perfectamente la espesa capa de
rica tierra vegetal acumulada durante siglos en estas tierras empezadas a
trabajar en el siglo XIV por esforzados moriscos, apoyada sobre estratos más
profundos de improductivo suelo de arcilla y guijarros. Tanto trabajo, tanto
abono y riego, tanto alimentar durante generaciones a los burgaleses, para
acabar enterradas bajo toneladas de hormigón.
