| Desde el barco Foto de Inés Aylagas |
"Una de las mejores experiencias de mi vida", "¡Una sensación de buen rollo increíble!". Así me resumía mi amiga Inés su experiencia nadando con delfines en la costa norte de Nueva Zelanda. Poco después nos enteramos de que había una razón científica para esta sensación tan agradable, y que además sus efectos positivos han llevado a constituir una terapia específica: la delfinoterapia.
A principio de los años 50, el norteamericano John Lilly descubrió que estos cetáceos pueden ejercer una influencia positiva en los humanos. Lilly, estudiando la anatomía y el sistema neurológico de estos mamíferos, llegó a la conclusión de que están en estado meditativo las 24 horas del día. Años después el médico británico Horace Dobbs analizó a un número aleatorio de pacientes tras nadar entre delfines y comprobó sus efectos beneficiosos.
